En el local 432 del Mercado Portales, en la Ciudad de México, los hermanos Francisco y Abraham Curiel elaboran botargas y disfraces durante todo el año. Sin embargo, octubre representa su periodo de mayor demanda, con un promedio de entre 100 y 150 entregas.
Los hermanos heredaron el oficio de su padre, Alberto Curiel, quien inició el negocio en 1985 como una forma de obtener un ingreso extra. Más de cuatro décadas después, Disfraces Merlín se mantiene como uno de los pocos talleres de la zona dedicados a crear piezas personalizadas.
Un trabajo hecho a medida
Cada pedido comienza con una idea del cliente. Algunos llegan con dibujos propios y, durante el último año, otros han utilizado herramientas de inteligencia artificial para definir la apariencia de sus personajes antes de solicitar la confección.
A partir de esas propuestas, los Curiel desarrollan disfraces y botargas que requieren diseño, selección de materiales y trabajo manual. El resultado puede terminar en una fiesta, una campaña publicitaria, una agencia o un evento de gran escala.
Octubre, el mes más exigente
La temporada de Halloween y las celebraciones de octubre elevan el número de encargos. La experiencia del taller muestra que los clientes buscan cada vez más atuendos personalizados, elaborados según sus medidas y con detalles específicos.
En años recientes, el negocio también ha atendido pedidos relacionados con personajes populares de internet y producciones para eventos. Sus creaciones han llegado incluso a agencias y actividades vinculadas con el reciente Mundial de Futbol.
El trabajo de Francisco y Abraham combina una tradición familiar con nuevas formas de imaginar los disfraces. En el Mercado Portales, esa mezcla de experiencia, diseño y elaboración artesanal permite que una idea pase del dibujo o la pantalla a una pieza lista para presentarse ante el público.
