El Senado de Brasil aprobó este miércoles 14 de octubre una reforma constitucional para reducir de 44 a 40 horas la jornada laboral semanal y establecer dos días de descanso remunerado, sin reducción salarial. La votación ocurrió en Brasilia, días antes de la segunda vuelta presidencial prevista para el 25 de octubre entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro.
La propuesta fue aprobada en dos votaciones consecutivas durante la misma sesión legislativa. El cambio elimina la llamada escala 6×1, que contempla seis días de trabajo por uno de descanso, y plantea una semana laboral de cinco días con dos jornadas de descanso.
La medida es una de las principales apuestas del presidente Lula para fortalecer su respaldo entre los trabajadores. Su aprobación se produjo después de que Flávio Bolsonaro, candidato presidencial del Partido Liberal, anunciara un cambio de postura y respaldara la iniciativa, pese a que previamente se había opuesto al proyecto.
Bolsonaro no estuvo presente físicamente en el hemiciclo, ya que participaba en actos de campaña en Porto Alegre, pero emitió su voto de manera telemática. Su decisión generó críticas entre senadores oficialistas, quienes cuestionaron el cambio de posición y advirtieron sobre el riesgo de que la reforma sea revertida en el futuro.
“Debemos mantenernos vigilantes para impedir retrocesos en el futuro”, señaló Teresa Leitão, portavoz del Gobierno en el Senado.
El presidente del Senado, Davi Alcolumbre, defendió el impacto de la reforma para millones de trabajadores y afirmó que un día adicional de descanso puede favorecer la convivencia familiar, el cuidado de la salud y el tiempo de recuperación.
De acuerdo con los sindicatos, alrededor de 22 millones de trabajadores se beneficiarían con la reducción de la jornada, considerada una reivindicación histórica de los sectores populares.
Sin embargo, representantes empresariales cuestionaron el impacto económico de la medida. La Federación de Comercio de São Paulo estimó que el costo de la hora trabajada podría aumentar 22 por ciento y advirtió sobre la posible pérdida de hasta 1.2 millones de empleos.
El senador Randolfe Rodrigues, del Partido de los Trabajadores, rechazó esas proyecciones y sostuvo que Brasil se aproximaría a los estándares laborales de países como Finlandia, Australia, Francia, Alemania, Noruega y Países Bajos.
La aprobación ocurre en un contexto electoral marcado por la disputa entre Lula y Flávio Bolsonaro. Aunque la reforma todavía deberá completar las etapas legislativas y de promulgación correspondientes, el resultado representa un avance para la reducción de la jornada laboral en Brasil y abre un nuevo debate sobre sus efectos económicos y políticos.
